En las décadas de los sesenta y los setenta, proliferaron las peñas en Lima. Entre las más populares estuvieron Las Guitarras, de los hermanos Aguirre; La Jarra de Oro, de Jorge Armando Stambury y Héctor Ugarte. En dichas peñas sonó por muchos años, como una especie de himno, el vals “Todo es Ilusión” de Alfonso Rosillo Soto.
Rosillo nació en el departamento de Tumbes y desde muy niño se dedicó a escribir versos y a pulsar la guitarra. Su temperamento romántico lo inclinó hacia los boleros, llegando a dominar el requinto al estilo de Los Panchos y a componer bellas canciones románticas.
Ya en Lima, en 1955, ingresó a la Escuela de Comunicaciones del Ejercito y, a partir de allí, siguió una carrera profesional a lo largo de 25 años. Adiestrándose en la zona del Canal de Panamá con el ejercito norteamericano, inició su carrera artística, formando un trío melódico con dos colegas nicaragüenses.
En 1970 fundó el trío Los Tumis de destacada actuación en elegantes escenarios, como el Sheraton, el Crillón, el Bolivar y El Pueblo. Con Los Tumis alternaron figuras internacionales reconocidas, como Celia Cruz, Cuco Sánchez y Armando Manzanero.
Su
incursión en la canción criolla fue, precisamente, con el vals
“Todo es Ilusión” que lo compuso en 1960 y fue grabado,
entre otros, por Manuel Donayre y Nedda Huambachano. Después vinieron
el vals “Siendo Pena” que lo grabó María Obregón
y la marinera “Tumbes, mi Tierra Querida” que figura en el repertorio
de la también tumbesina, Maritza Rueda.